Las fiestas patronales de Sant Antoni y Santa Àgueda comenzaron el viernes en , en una tarde-noche marcada por la tradición, el ambiente popular y el protagonismo de las hogueras repartidas por distintos puntos del casco urbano, donde numerosos grupos de amigos y familias se reunieron para torrar y compartir cena al aire libre, con la hora del encendido marcada por la lluvia.
El volteo de campanas dio paso al encendido de las hogueras y al inicio oficial de los festejos, en una jornada que estuvo pendiente del cielo desde primera hora. La lluvia hizo acto de presencia de forma intermitente antes y durante algunos momentos del programa, lo que obligó a introducir ajustes sin impedir la celebración de los actos principales.
Carros y carrozas decorados con escenas de la tradición local, junto a numerosos vecinos y vecinas vestidos con indumentaria de labradores, participaron en la bendición de animales y en el desfile costumbrista, uno de los momentos más simbólicos de la Nit de Sant Antoni. Las condiciones meteorológicas obligaron a realizar una única vuelta alrededor de la iglesia, en lugar de las tres tradicionales, para garantizar el desarrollo seguro del acto, en el que participan además de personas mayores y niños, numerosos caballos y otros animales.
Tradición, convivencia y reparto de coquetas
Pese a la lluvia, la jornada dejó imágenes de convivencia y participación vecinal, con familias —muchas de ellas con niños pequeños— y peñas compartiendo la primera gran cita del calendario festivo en torno al fuego. El reparto de las 23.000 coquetas elaboradas para esta edición se llevó a cabo tras la bendición, por parte de las reinas de las fiestas y todos los festeros, manteniendo uno de los gestos más esperados y representativos de estas fiestas.
La noche confirmó, un año más, la fuerza de una tradición que se mantiene viva generación tras generación, también en una edición condicionada por la meteorología.
Las hogueras, el ambiente en la calle y la implicación vecinal marcaron un arranque festivo en el que la celebración se impuso a la incertidumbre del tiempo.









