Benicàssim cierra una de las obras más largas de su historia reciente. La iglesia de San Juan Pablo II ya está terminada después de permanecer inacabada durante 25 años y afronta ahora únicamente los últimos preparativos antes de su consagración, prevista para el próximo 25 de octubre.
La finalización del templo ha quedado escenificada esta semana con una visita institucional en la que han participado la presidenta de la Diputación de Castellón, Marta Barrachina; el diputado provincial de Cultura, Alejandro Clausell; el obispo de la diócesis Segorbe-Castellón, Casimiro López; la alcaldesa, Susana Marqués; el párroco local, Luis Oliver, además de concejales, técnicos y otras autoridades.

La historia del proyecto se remonta a 1996, cuando se colocó la primera piedra. Las obras arrancaron posteriormente y quedaron paralizadas en 2001, dejando durante décadas una gran estructura pendiente de completar. Esa imagen acabó convirtiendo al edificio en la particular ‘Sagrada Familia’ de Benicàssim.
De estructura inacabada a iglesia plenamente funcional
La recuperación definitiva se ha desarrollado en dos grandes fases. La primera, con una inversión aproximada de 900.000 euros, permitió completar principalmente el exterior y cerrar el edificio. La segunda, valorada inicialmente en unos 700.000 euros, ha abordado toda la adecuación interior.
El resultado es ahora un templo con capacidad para más de 500 personas, climatización, renovación de aire, sistemas contra incendios, placas solares, iluminación, pavimentos, revestimientos, carpinterías y mobiliario.

Entre sus elementos más singulares destaca el altar, concebido con forma de barca, y el ambón de mármol natural, donde aparecen tallados los cuatro evangelistas. Bajo el altar se ha reservado el espacio destinado a custodiar reliquias de santos, entre ellas la de sangre de San Juan Pablo II traída recientemente desde Cracovia por Luis Oliver.
El Cristo que preside el templo alcanza, junto a la cruz, unos tres metros y representa a Cristo vivo. Las vidrieras incorporan referencias al mar, las montañas, los naranjos y la luz de Benicàssim, y han sido realizadas por una firma vinculada a la tercera generación de los artesanos que trabajaron en las vidrieras de la Sagrada Familia de Barcelona.

La planta baja dispone además de una capilla para celebraciones con menor asistencia y cuatro confesionarios, mientras que la primera planta se reservará para el coro y el órgano.
La consagración, el próximo gran paso
El 25 de octubre marcará ahora el siguiente gran hito con la Consagración del Altar y Dedicación de la Iglesia. La programación concreta de esa jornada se dará a conocer próximamente.
Benicàssim cierra una de las obras más largas de su historia reciente. La iglesia de San Juan Pablo II ya está terminada después de permanecer inacabada durante 25 años y afronta ahora únicamente los últimos preparativos antes de su consagración, prevista para el próximo 25 de octubre.
La finalización del templo ha quedado escenificada esta semana con una visita institucional en la que han participado la presidenta de la Diputación de Castellón, Marta Barrachina; el diputado provincial de Cultura, Alejandro Clausell; el obispo de la diócesis Segorbe-Castellón, Casimiro López; la alcaldesa, Susana Marqués; el párroco local, Luis Oliver, además de concejales, técnicos y otras autoridades.
La historia del proyecto se remonta a 1996, cuando se colocó la primera piedra. Las obras arrancaron posteriormente y quedaron paralizadas en 2001, dejando durante décadas una gran estructura pendiente de completar. Esa imagen acabó convirtiendo al edificio en la particular ‘Sagrada Familia’ de Benicàssim.
De estructura inacabada a iglesia plenamente funcional
La recuperación definitiva se ha desarrollado en dos grandes fases. La primera, con una inversión aproximada de 900.000 euros, permitió completar principalmente el exterior y cerrar el edificio. La segunda, valorada inicialmente en unos 700.000 euros, ha abordado toda la adecuación interior.
El resultado es ahora un templo con capacidad para más de 500 personas, climatización, renovación de aire, sistemas contra incendios, placas solares, iluminación, pavimentos, revestimientos, carpinterías y mobiliario.
Entre sus elementos más singulares destaca el altar, concebido con forma de barca, y el ambón de mármol natural, donde aparecen tallados los cuatro evangelistas. Bajo el altar se ha reservado el espacio destinado a custodiar reliquias de santos, entre ellas la de sangre de San Juan Pablo II traída recientemente desde Cracovia por Luis Oliver.

El Cristo que preside el templo alcanza, junto a la cruz, unos tres metros y representa a Cristo vivo. Las vidrieras incorporan referencias al mar, las montañas, los naranjos y la luz de Benicàssim, y han sido realizadas por una firma vinculada a la tercera generación de los artesanos que trabajaron en las vidrieras de la Sagrada Familia de Barcelona.
La planta baja dispone además de una capilla para celebraciones con menor asistencia y cuatro confesionarios, mientras que la primera planta se reservará para el coro y el órgano.
La consagración, el próximo gran paso
El 25 de octubre marcará ahora el siguiente gran hito con la Consagración del Altar y Dedicación de la Iglesia. La programación concreta de esa jornada se dará a conocer próximamente.




