Benicàssim ya cuenta oficialmente con un nuevo templo en pleno funcionamiento. La iglesia de San Juan Pablo II quedó consagrada este domingo en una ceremonia multitudinaria que reunió a alrededor de un millar de personas y que abrió una nueva etapa para la comunidad parroquial después de décadas de proyecto, obras y campañas de colaboración.
El acto estuvo presidido por el obispo de la diócesis Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente, junto al párroco local, Luis Oliver, y cerca de 30 sacerdotes de distintos puntos de la diócesis. La celebración convirtió el interior de la iglesia en el escenario de uno de los ritos más singulares de la liturgia católica.
Un altar consagrado para iniciar una nueva etapa
Uno de los momentos centrales llegó tras el Evangelio, cuando el obispo extendió con sus propias manos el santo crisma sobre toda la superficie del altar. A continuación, los sacerdotes ungieron también los doce puntos de consagración distribuidos por los muros interiores, dejando así dedicado formalmente el edificio al culto.
La ceremonia tuvo otro instante especialmente simbólico con la colocación de las reliquias bajo el altar. Entre ellas quedó depositada la de San Juan Pablo II, llegada recientemente desde Cracovia y entregada al párroco Luis Oliver por el cardenal Stanisław Dziwisz, quien fue secretario personal del pontífice polaco.

Después llegaron la incensación del altar y de la iglesia y el encendido de las luminarias, un gesto que transformó visualmente el templo y marcó el inicio de su nueva condición como espacio consagrado.
La celebración incluyó asimismo la puesta en funcionamiento de la capilla del Santísimo, otro de los espacios incorporados al interior del edificio.
De proyecto pendiente a templo activo
La jornada cerró un recorrido especialmente largo. La primera piedra fue colocada en 1996 y las obras quedaron paralizadas en 2001, dejando durante años una estructura inacabada en una de las zonas de expansión de Benicàssim.

La recuperación definitiva del proyecto ha permitido completar tanto el exterior como toda la adecuación interior mediante una inversión que finalmente ha superado los dos millones de euros.
El resultado es una iglesia preparada para más de 500 personas, con altar inspirado en una barca, ambón de mármol con los cuatro evangelistas, vidrieras vinculadas al paisaje de Benicàssim y un gran Cristo que preside el presbiterio.
El nuevo templo contará además con actividad estable. Desde el 1 de noviembre acogerá misa de lunes a viernes a las 19.00, los sábados a las 18.00 y los domingos a las 12.00 y 19.00.
Una fecha que ya queda grabada
La jornada terminó con otro gesto cargado de simbolismo. Casimiro López descubrió una placa instalada junto a la entrada principal en la que queda recogida la fecha de consagración de San Juan Pablo II.
Con este acto, Benicàssim dejó atrás definitivamente la imagen de un edificio pendiente de terminar y estrenó una iglesia llamada a asumir desde ahora una parte importante de la actividad religiosa del municipio.




