¿Pagarías 500 euros al mes por un apartamento del que tendrías que marcharte cada vez que sus propietarios quisieran disfrutar de él? Aunque parezca increíble, esta es la propuesta que recibió una joven mientras buscaba una vivienda de alquiler en Benicàssim. Los dueños pretendían reservarse un fin de semana al mes, los puentes escolares de Aragón y las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano.
«Flipé, no me lo creía. ¿Qué me estás contando?», recuerda la afectada, que ha relatado su experiencia a Todo Benicàssim bajo la condición de mantener el anonimato. Su historia ha llegado a las redes sociales a través de su amigo, el conocido creador de contenido Las Manos de Lluís, y ha abierto un debate sobre las condiciones del mercado inmobiliario local.
Todo comenzó con un anuncio en Idealista. El inmueble estaba en los apartamentos Princicasim, junto a la playa de l’Almadrava. Tenía unos 60 metros cuadrados, incluida la terraza, dos dormitorios pequeños y ninguna vista al mar. Tampoco estaba reformado: cocina y baño antiguos, ventanas viejas y las limitaciones de un apartamento concebido para el verano, sin el acondicionamiento adecuado para afrontar el frío del invierno.
La joven contactó con el propietario y le propuso pagar 450 euros mensuales hasta finales de junio. Pero la respuesta que recibió fue muy distinta de lo que esperaba.
¿Una mudanza cada vez que llegaran los propietarios?
«Hemos pensado lo siguiente, alquilar el apartamento todo el año por debajo de precio de mercado y a cambio reservarnos algunas fechas para poder usarlo nosotros», explicaba el particular en un mensaje. La mensualidad rondaría los 500 euros y, a cambio, los dueños podrían utilizarlo en las fechas indicadas, con previo aviso para los fines de semana.
La propuesta planteaba un problema evidente: ¿dónde dejaría la inquilina sus pertenencias cuando regresaran los propietarios? La vivienda era demasiado pequeña para reservar una habitación como almacén. Según explica, en uno de los dormitorios apenas cabía una cama de 135 centímetros, sin espacio siquiera para una mesita de noche.
«Mi duda era si tenía que hacer una mudanza una vez al mes o si pretendían que conviviéramos», señala. Además, considera absurdo buscar un apartamento junto al mar para tener que abandonarlo precisamente durante buena parte de los días libres. Comunicó al propietario que aquellas condiciones eran inviables y no volvió a recibir respuesta.
El problema de encontrar alquiler más allá del verano
Detrás de esta historia aparece una dificultad que conocen quienes buscan establecerse en Benicàssim. La joven ya había vivido de alquiler entre octubre y junio, pero tuvo que buscar otra vivienda porque el propietario decidió venderla.
Tras consultar inmobiliarias y portales especializados, especialmente en las zonas del Voramar, Torre de Sant Vicent y Els Terrers, comprobó que encontrar un apartamento disponible durante los doce meses resulta prácticamente imposible. Incluso las opciones limitadas a la temporada baja escasean, con precios habituales de entre 500 y 700 euros por viviendas pequeñas, antiguas y poco preparadas para el invierno.

«No es que sean caros, es que no los encuentras», lamenta. La elevada rentabilidad del alquiler vacacional agrava esta situación. Durante julio y agosto, algunos propietarios pueden ingresar más que durante buena parte del resto del año. Según las ofertas que ha visto, hay apartamentos en la zona que alcanzan los 2.000 euros por quincena o los 4.000 euros mensuales en verano.
Ella tiene la posibilidad de alojarse con sus padres durante esos meses, pero plantea una pregunta: ¿qué hacen quienes necesitan vivir en Benicàssim y no cuentan con familiares que puedan acogerlos cuando termina su contrato?
Finalmente ha conseguido otro apartamento por unos 500 euros mensuales hasta junio, sin las exigencias del anterior propietario. Sin embargo, lo que más le sorprende es que algunos usuarios hayan defendido aquella oferta en Instagram apelando a la ley de la oferta y la demanda.
«Lo que me parece fuerte es que haya gente que lo vea normal», advierte. Su experiencia refleja hasta qué punto la presión turística sobre el mercado residencial de Benicàssim complica encontrar una vivienda estable, incluso para quienes únicamente buscan un techo fuera de los meses de verano.



