Quejas por la cancelación de una fiesta de graduación en Q40 ‘in extremis’ Los padres denuncian que los organizadores del evento "cambiaron de ubicación en tres o cuatro ocasiones" y lo suspendieron "apenas unas horas antes"


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Redacción // Benicàssim
Algunos padres de alumnos de 4˚ de ESO del IES Violant de Casalduch de Benicàssim han manifestado a este periódico su «indignación» por la cancelación el pasado martes de una fiesta privada, organizada en la discoteca Quattro 40, de la avenida Gimeno Tomás, con motivo de la graduación de los estudiantes.

Según relatan los progenitores, dos personas, quienes ejercían de intermediadores entre los jóvenes y el local de ocio, realizaron una charla en el centro educativo para ofrecerles las opciones festivas y cerrar el evento. Los padres indican que se vendieron alrededor de 200 entradas, entre las que se encontraban los cerca de 100 graduados de Secundaria.

Denuncian que la ubicación de la celebración «cambió tres o cuatro ocasiones». «Primero concretaron que sería en la Quattro 40 de Benicasim, después en Santos de Castellón, después en Touché de Vila-real y, finalmente, el mismo martes en Quattro 40, que era donde querían los jóvenes desde el primer momento», explican.

«Apenas unas horas antes, sobre las 19.30, les avisaron que se suspendía», argumentando motivos como «la falta de extintores», algo que ocasionó un «gran disgusto» entre los jóvenes de 15 y 16 años en un día «tan especial».

Uno de los intermediarios de la discoteca recalcó que «la culpa no es de ellos», porque ahora alegan que no son los organizadores –aunque dieron una charla para planificarla–, ni tampoco responsabilidad de la discoteca. Los padres se preguntan quién es el culpable. Quattro 40 es el mismo lugar donde se interrumpió una fiesta privada en Nochevieja por exceso de aforo y quejas por presunta estafa.

Solución alternativa

Al día siguiente, el pasado miércoles, encontraron como solución impulsar la cita en la discoteca Buddha de Benicàssim, pudiendo acceder con los mismos tíquets. Según el mismo intermediario con el que ha contactado este periódico, «los jóvenes quedaron muy contentos».

Pero los padres siguen descontentos. Les acusan de «utilizar a su vez a alumnos como relaciones públicas para vender entradas», criticando una posible ilegalidad por no tener contrato y por la condición de menores.

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