Gustavo Lobo no podrá perder esta noche la final del Mundial. Animará más fuerte a Argentina, el país donde nació, pero una victoria de España también desatará la celebración en la familia que ha formado en Benicàssim. Para él, el partido que comenzará a las 21.00 horas no enfrenta simplemente a dos selecciones: cruza dos países, tres generaciones y varios viajes de ida y vuelta por el Atlántico.
En su casa conviven las raíces argentinas de Gustavo con las españolas de su mujer, Silvia, natural de Vila-real, y de sus dos hijas, de diez y cinco años. Todos compartirán una final con la que llevaban años fantaseando, pero que nunca pensaron que llegaría a decidir una Copa del Mundo.
“No es que vaya con el corazón partido en dos ni nada dramático, es más simple que eso: es una final soñada, la que nadie se esperaba tener nunca, España contra Argentina, y la voy a disfrutar gane quien gane”, cuenta Gustavo.
Una historia de ida y vuelta
La relación de su familia con los dos países comenzó mucho antes de su nacimiento. Su madre, Elsa, nació en Armenande, una pequeña localidad del concejo asturiano de Allande. Después de la Guerra Civil, como tantas otras personas, emigró a Argentina buscando las oportunidades que no encontraba en España.
Allí conoció casi nada más llegar a Roberto, el padre de Gustavo. Elsa se enamoró de él y también de un país que le ofreció trabajo, familia y futuro. Aunque años después regresó a España, Argentina nunca dejó de formar parte de su identidad.
Gustavo nació en 1978, hijo de aquella asturiana que hizo suya Argentina y de un argentino profundamente unido a las costumbres españolas de su mujer. En 2001 emprendió el camino contrario y llegó a España por su cuenta, dispuesto a vivir una aventura que terminaría cambiando definitivamente su vida.
Sus padres siguieron sus pasos en 2003. Dejaron atrás todo lo construido en Argentina buscando algo tan sencillo como vivir con mayor tranquilidad. Gustavo acabó instalándose en Benicàssim, se casó con Silvia y construyó aquí su hogar. Hoy lleva ya más años en España que los que pasó en el país donde nació.
“Este es mi país en el día a día, aunque nací en el otro”, resume. Una frase que explica por qué la final de esta noche tendrá para él una dimensión que va mucho más allá del fútbol.
Argentina tira un poco más
Gustavo admite que, cuando empiece a rodar el balón, el acento argentino pesará ligeramente más. “Voy a tirar más por Argentina y si gana España será un placer celebrarlo”, reconoce ante una cita en la que siempre encontrará un motivo para brindar.
La Albiceleste llega a la final como vigente campeona y después de eliminar el miércoles a Inglaterra, mientras España busca levantar su segunda Copa del Mundo. Gustavo asegura con humor que él ya se siente ganador antes incluso del partido: “Yo soy campeón del mundo desde que le ganamos a Inglaterra el pasado miércoles. Gane quien gane”. Como mínimo, añade, también será subcampeón.
En torno a la mesa habrá esta noche españoles y argentinos, pero ninguna división. “El partido lo vamos a vivir juntos, en familia, disfrutando el momento más que el resultado”, explica.
La suya es solo una de las numerosas familias hispano-argentinas que viven en Benicàssim y que afrontan esta final con vínculos a ambos lados del Atlántico. Algunas sentirán el corazón dividido entre las dos camisetas; otras, como la de Gustavo, saben que esta noche serán ganadoras de una forma u otra, porque cualquiera de los dos países que levante la Copa forma parte también de su propia historia.
Una pantalla para vivirla juntos
Benicàssim también llevará la final a la calle. El Ayuntamiento instalará una pantalla gigante en la plaza de Les Corts Valencianes para que vecinos y visitantes puedan seguir desde las 21.00 horas el partido que decidirá el campeón del mundo.
Gustavo y su familia todavía valoran si sumarse al ambiente de la plaza o vivir el encuentro en alguno de los bares del municipio. El lugar será lo de menos: lo importante será compartir una noche difícilmente repetible y celebrar juntos cualquiera de los dos desenlaces.
La historia familiar podría incluso volver a recorrer el Atlántico en el futuro. Sus hijas crecen en España, pero todavía mantienen familiares en Argentina. Gustavo contempla la posibilidad de que algún día sean ellas quienes hagan el viaje inverso y decidan probar suerte en el país en el que nació su padre, repitiendo una historia marcada por la emigración, los regresos y las raíces compartidas.
Esta noche solo una selección levantará la Copa del Mundo, pero en casa de los Lobo los dos gritos cabrán en la misma celebración: “¡Aguante Argentina! ¡Viva España!”.




