Hung encara sus últimos días abierto al público y Benicàssim se prepara para despedir a uno de esos restaurantes que han acabado formando parte de la vida cotidiana del municipio. El local, situado a la entrada del pueblo, ofrecerá su último servicio este domingo, 26 de abril, y cerrará después una etapa iniciada en 1991, cuando Steve Hung decidió poner en marcha junto a Ana María Echevarría, su mujer, un negocio que con el tiempo se convertiría en todo un clásico.
El cierre no responde a una falta de clientes ni a un cambio de ciclo del negocio, sino a una decisión personal. A sus 65 años y con 48 cotizados, Steve Hung ha decidido que ha llegado el momento de parar. “Ya me toca ahora jubilarme”, resume con naturalidad quien ha pasado más de media vida entre fogones.



Su historia comienza muy lejos de Benicàssim. Nacido en Hong Kong, empezó a trabajar en cocina con apenas 14 años y, poco después, con 16, emprendió viaje a España con un contrato laboral. “Más o menos es como una aventura”, recuerda sobre aquel salto a Bilbao en 1977, donde comenzó como ayudante en un restaurante chino.
De Bilbao al nacimiento de Hung
Durante 13 años, la capital vizcaína fue su hogar. Allí perfeccionó su técnica, conoció a Ana María Echevarría y formó una familia. Sus dos hijos nacieron en Bilbao, pero el destino acabaría llevándolos a Benicàssim, un lugar que ya frecuentaban en vacaciones y que les ofrecía una oportunidad clara para emprender.
En 1991 decidieron dar el paso y abrir su propio restaurante. En aquel momento, el casco urbano no contaba con ningún local de este tipo, lo que convirtió a Hung en una propuesta pionera. El municipio apenas tenía unos 8.000 habitantes y muchas zonas eran todavía campos de naranjos o solares sin desarrollar, pero el proyecto pronto encontró su sitio.



Desde entonces, el restaurante ha acompañado la evolución de Benicàssim, creciendo junto al municipio y consolidándose como un punto de encuentro habitual tanto para vecinos como para visitantes.
Una cocina reconocible durante décadas
La identidad del local ha estado siempre ligada a la cocina cantonesa, propia de Hong Kong, con una forma de entender los sabores que lo diferenciaba de otras propuestas. “Cada región tiene su forma de cocinar y es diferente”, explica Steve Hung, que ha mantenido esa línea durante toda su trayectoria.



La carta ha sido uno de los grandes rasgos distintivos del restaurante. Hasta 130 platos distintos han formado parte de su oferta, todos elaborados en una cocina que ha funcionado durante años con él al frente, coordinando varios fogones y sacando adelante distintos pedidos al mismo tiempo.
Entre los platos más recordados destacan el arroz tostado con gambas y el pato Pekín, este último servido con crepes, salsa y guarnición para que el cliente pudiera prepararlo en mesa. Propuestas que han acompañado celebraciones familiares, cenas improvisadas y encuentros que hoy forman parte de la memoria de muchos vecinos.



El verdadero valor del restaurante ha estado en su clientela. A lo largo de los años, Hung ha visto pasar a varias generaciones por sus mesas. Clientes que llegaron siendo jóvenes, que volvieron con sus hijos y que, con el tiempo, han repetido la experiencia junto a una nueva generación.
Más allá del negocio
Detrás de esa trayectoria también hay esfuerzo y renuncias. La hostelería ha marcado el ritmo de vida de la familia durante décadas, con jornadas largas y poco margen para el descanso. “A lo mejor los veía una hora o una hora y media al día”, reconoce Steve Hung al recordar el tiempo que podía compartir con sus hijos cuando eran pequeños.



Durante todos estos años, Ana María Echevarría ha sido el rostro visible en sala, atendiendo a los clientes y construyendo una relación cercana que ha sido clave en la fidelidad del público. Entre ambos han levantado un negocio familiar que ha resistido el paso del tiempo gracias a la constancia y al trato directo.
Último servicio y nueva etapa
El día 26 será el último servicio. No habrá actos especiales ni despedidas organizadas, solo una jornada más que pondrá fin a una etapa muy larga. A partir de ahí, Steve Hung afrontará una operación y comenzará una nueva vida con otros ritmos. “A descansar y a vivir un poco la vida”, resume.



El local, de unos 170 metros cuadrados, con cocina amplia, muy luminoso y en una ubicación estratégica, quedará disponible para traspaso. El futuro del espacio todavía está por definir, pero el nombre de Hung ya forma parte de la historia reciente de Benicàssim.
Con su cierre, el municipio pierde algo más que un restaurante. Se despide de uno de esos negocios que crecen al mismo tiempo que el pueblo y que acaban formando parte de su identidad, un lugar en el que varias generaciones han compartido mesa durante años.








